¿Es peligrosa la operación de próstata? Riesgos, secuelas y recuperación

La cirugía de próstata por hiperplasia benigna es una de las intervenciones más frecuentes en urología y tiene un perfil de riesgo bien conocido. No es una operación menor y no está libre de complicaciones, pero llamarla peligrosa describe mal lo que ocurre: la mayoría de los hombres operados vuelve a su actividad habitual en unas semanas, y el efecto que con más frecuencia permanece es un cambio en la eyaculación, no un problema grave de salud. Lo razonable antes de firmar un consentimiento es saber qué riesgos existen de verdad y cuáles son excepcionales.

Qué se opera exactamente cuando se opera la próstata

Conviene empezar por deshacer una confusión muy común en consulta. Cuando se habla de operar la próstata por hiperplasia benigna, no se retira la glándula entera. Se elimina el tejido central que ha crecido y estrecha la uretra, y se conserva la envoltura externa. Es una cirugía sobre el obstáculo, no sobre un tumor.

La hiperplasia benigna de próstata y el cáncer de próstata son enfermedades distintas, con origen diferente dentro de la glándula, aunque puedan coexistir en el mismo hombre. Lo explicamos con detalle en el artículo sobre las diferencias entre hiperplasia benigna y cáncer de próstata. La cirugía oncológica de próstata es otra intervención, con otros riesgos, y lo que se describe aquí no se le aplica.

Qué riesgos tiene realmente la cirugía de próstata

Los riesgos se ordenan mejor por frecuencia que por gravedad, porque es lo que responde a la pregunta que trae el paciente: qué es probable que me pase.

Lo que le ocurre a casi todo el mundo y se resuelve solo

Sangre en la orina durante los primeros días, escozor al orinar, urgencia para llegar al baño y alguna pérdida ocasional mientras la vejiga se readapta. Son molestias esperables del posoperatorio, van cediendo en semanas y no indican que algo haya salido mal. Puede aparecer también una hematuria intermitente cuando se cae la escara de la zona intervenida, semanas después del alta, que suele ceder con reposo e hidratación.

Lo frecuente, que sí conviene decidir de antemano

La eyaculación retrógrada es el efecto más habitual y el que más pesa en la decisión de muchos hombres. El semen, en lugar de salir, pasa a la vejiga y se elimina después con la orina. El orgasmo se mantiene, pero la eyaculación visible desaparece o disminuye mucho, y la fertilidad natural se ve afectada. Su probabilidad varía bastante según la técnica empleada, y es una conversación que debe tenerse antes de la cirugía, no después. Lo desarrollamos en el artículo sobre la eyaculación retrógrada.

También entran aquí la infección urinaria posoperatoria, que suele responder a tratamiento antibiótico, y la necesidad de mantener la sonda algún día más de lo previsto.

Lo poco frecuente

Estrechez de la uretra o del cuello de la vejiga meses después de la intervención, que puede requerir un segundo procedimiento, normalmente menor. Y la necesidad de reintervención a años vista si queda o vuelve a crecer tejido prostático.

Lo raro

Incontinencia urinaria persistente, sangrado que obligue a transfusión y complicaciones generales de cualquier cirugía, como los problemas cardiovasculares o respiratorios asociados a la anestesia. Son situaciones infrecuentes, pero existen, y su probabilidad depende mucho de la edad y de las enfermedades que tenga cada paciente. Esa parte del riesgo se calcula en la valoración preoperatoria, no en un artículo.

Los dos miedos que más aparecen en consulta

Casi todas las consultas sobre este tema giran alrededor de lo mismo: quedarse incontinente y perder la vida sexual.

La incontinencia. Es habitual tener pérdidas los primeros días o las primeras semanas, sobre todo con la urgencia. Lo que preocupa de verdad, la incontinencia que se queda, es poco frecuente y depende en buena parte del estado previo de la vejiga y del esfínter. Si ya había pérdidas antes de operar, conviene estudiarlas antes, porque el origen puede no estar en la próstata. Puedes leer más en el artículo sobre incontinencia urinaria.

La erección. La cirugía de la hiperplasia benigna actúa sobre el interior de la glándula y no sobre los nervios responsables de la erección del mismo modo que lo hace la cirugía del cáncer de próstata. Muchos hombres mantienen su función eréctil, y algunos incluso refieren mejoría al dormir mejor y desaparecer las molestias urinarias. Dicho esto, la edad y las enfermedades asociadas influyen, y hay casos en los que empeora. El tema se trata aparte en disfunción eréctil y problemas de próstata.

Cuándo se plantea operar y cuándo no

El tamaño de la próstata por sí solo no indica cirugía. Un hombre con una glándula muy grande y síntomas tolerables puede seguir en control, y otro con una próstata moderada que le condiciona el día a día puede ser mejor candidato. Lo explicamos al hablar de los grados de hiperplasia prostática.

Antes de la cirugía casi siempre hay un escalón farmacológico, con medicamentos que relajan el músculo prostático o reducen el volumen de la glándula. Las opciones están recogidas en tratamientos no quirúrgicos para la HBP.

La balanza se inclina hacia operar cuando aparece alguna de estas situaciones:

  • Episodios de retención aguda de orina, con imposibilidad de orinar y necesidad de sonda.
  • Infecciones urinarias repetidas relacionadas con el mal vaciado.
  • Cálculos en la vejiga.
  • Repercusión sobre el riñón detectada en analítica o en ecografía.
  • Sangrado de origen prostático que se repite.
  • Síntomas que no se controlan con medicación y afectan de forma importante al descanso y a la vida diaria.

No todas las cirugías de próstata son la misma operación

Parte del miedo viene de mezclar técnicas muy distintas bajo la etiqueta común de operación de próstata. Las principales son estas:

  • Resección transuretral. Se retira el tejido por fragmentos a través de la uretra. Es la técnica clásica y sigue teniendo indicación en muchas próstatas. Está explicada en qué es la RTU de próstata.
  • Enucleación con láser. Se separa el tejido crecido de la cápsula y se extrae, también por vía endoscópica. Es la opción que se maneja con más frecuencia en glándulas de volumen elevado. Tienes la descripción en la página de enucleación prostática.
  • Hidroablación. Emplea un chorro de agua a presión guiado por imagen para retirar el tejido, con un planteamiento distinto respecto a la preservación eyaculatoria. Está descrita en hidroablación prostática con sistema Aquabeam.
  • Cirugía abierta. Hoy queda reservada a situaciones concretas, porque las técnicas endoscópicas permiten abordar volúmenes que antes obligaban a abrir.

Cada una tiene sus indicaciones y sus efectos esperables, y la elección depende del volumen de la glándula, de la anatomía, de la medicación anticoagulante que tome el paciente y de qué prioriza cada hombre. Para próstatas de gran tamaño hay una explicación específica en la página sobre la operación de próstata grande. Qué técnica conviene en un caso concreto se decide en consulta, con las pruebas delante.

Cómo es la recuperación

El ingreso suele ser corto y la sonda se retira a los pocos días, con variaciones según la técnica y la evolución. Durante las primeras semanas se recomienda evitar esfuerzos físicos intensos y mantener una buena hidratación. La actividad sexual se reanuda cuando lo indica el urólogo en la revisión.

El tiempo hasta volver al trabajo depende mucho del tipo de actividad, y lo tratamos en el artículo sobre el tiempo de baja laboral tras la operación de próstata. La preparación previa está detallada en antes de la cirugía.

Preguntas frecuentes

¿Es peligrosa la operación de próstata?

Es una cirugía reglada y frecuente, con complicaciones graves poco habituales. El riesgo no es el mismo para todos: la edad, las enfermedades asociadas, la medicación anticoagulante y el tamaño de la glándula lo modifican. Un porcentaje general sirve de poco. Lo que corresponde es que el urólogo calcule el riesgo del caso concreto en la valoración preoperatoria y lo explique antes de firmar el consentimiento.

¿Voy a quedar incontinente después de operarme?

Las pérdidas de orina de los primeros días o semanas son habituales y suelen ir cediendo conforme la vejiga se readapta. La incontinencia que persiste a largo plazo es poco frecuente. Si ya existían pérdidas antes de la operación, conviene estudiarlas previamente, porque su origen puede estar en la vejiga y no en la obstrucción prostática.

¿Se pierde la erección con la cirugía de próstata?

La cirugía de la hiperplasia benigna no tiene el mismo efecto sobre la función eréctil que la cirugía del cáncer de próstata. Muchos hombres la conservan. Lo que sí cambia con frecuencia es la eyaculación, que pasa a ser retrógrada en un porcentaje variable según la técnica. Son dos cosas distintas y conviene no confundirlas al leer información sobre el tema.

¿Cuánto tiempo estaré ingresado y con sonda?

Depende de la técnica empleada y de la evolución de cada paciente. Lo habitual es un ingreso breve y la retirada de la sonda en los primeros días, pero puede alargarse si hay sangrado o si el vaciado no es adecuado al retirarla. El equipo lo concreta en la consulta previa, con el caso ya estudiado.

¿Puede volver a crecer la próstata después de operar?

El tejido que se retira no vuelve, pero la parte que se conserva puede crecer con los años. La necesidad de una segunda intervención a largo plazo es posible, aunque poco frecuente, y varía según la técnica y la cantidad de tejido extraído. Por eso se mantienen las revisiones periódicas después de la cirugía.

¿Se puede evitar la operación de próstata?

En muchos casos sí, al menos durante años. La vigilancia con revisiones y el tratamiento farmacológico controlan los síntomas de buena parte de los pacientes. La cirugía se plantea cuando la medicación deja de ser suficiente o cuando aparecen complicaciones del mal vaciado. Es una decisión que se revisa con el tiempo, no una puerta que se cierre.

Cuándo pedir valoración

Conviene consultar con un urólogo si el chorro ha perdido fuerza de forma mantenida, si te levantas varias veces cada noche a orinar, si notas que no vacías del todo la vejiga, si aparece sangre en la orina o si has tenido algún episodio en el que no has podido orinar. Y también si ya te han planteado operarte y quieres entender bien qué te proponen antes de decidir. Puedes ver la información de la consulta de hiperplasia benigna de próstata o solicitar cita.

Este contenido tiene finalidad divulgativa y no sustituye la consulta médica. La visita médica, presencial o telemática, es imprescindible antes de establecer cualquier tratamiento, sea quirúrgico o no: para un mismo diagnóstico existen varias opciones terapéuticas, y la indicación depende de la valoración individual de cada paciente.

Dr. José Ramón Pérez-Carral García, urólogo. Especialista en endourología y en el tratamiento quirúrgico de la hiperplasia benigna de próstata.

Urólogo Dr. Pérez-Carral

Referente Internacional especialista en Hiperplasia Benigna de Próstata.

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