HoLEP hace una resección mucho más anatómica y eficaz, IMPRESCINDIBLE en próstatas grandes.
En el resto de las técnicas endoscópicas para tratar la HBP (RTUp y vaporización con láser verde o tulio).
Básicamente lo que se hace es abrir el espacio por el que se orina, la luz de la uretra, aumentando el calibre de esa luz, retirando tejido prostático sucesivamente (cortándolo en fragmentos o vaporizándolo) hasta que el cirujano considera que el hueco es lo bastante grande para conseguir el objetivo de la cirugía.
Ese hueco es muy difícil de lograr de forma permanente en próstatas grandes, de más de 60-80 cc.
En otras palabras, es como tener un pequeño agujero en una puerta cerrada y nosotros queremos pasar al otro lado.
Con las otras técnicas, para atravesarla vamos aumentando ese agujero con un pequeño hacha o una lijadora, sin retirar toda la madera de la puerta, hasta que podemos pasar al otro lado.
En el HoLEP, se corta la puerta justo por el marco como si usáramos una sierra radial, dejando el mayor paso posible y retirando toda la puerta.
Evidentemente, cuanto más tejido prostático haya (más grande sea la próstata), más difícil le resultará al cirujano retirar todo ese tejido, además del sangrado que se produce mientras lo está llevando a cabo.
Cuanto más se corta, más se sangra durante la cirugía, y más se sangrará en el postoperatorio.
En la vaporización con láser verde o de tulio, no se corta, si no que se vaporiza el tejido (se quema, haciéndolo desaparecer). Las fibras láser que se usan para ello, tienen una velocidad de resección lenta, y una capacidad de retirar tejido limitada.
Aunque el sangrado no sea realmente un problema (es energía láser), la dificultad radica en el tiempo que se tardaría en operar una próstata grande y la energía térmica que habría que aplicar al paciente, por no hablar de la dificultad que supone.
Por último, en la vaporización no se obtiene tejido analizable, no pudiendo descartarse la presencia de cáncer de próstata en el material retirado.
Así pues, si se usa una técnica inadecuada en una próstata grande, la cantidad de tejido prostático remanente será demasiada, pudiendo persistir la clínica a pesar de la intervención.
Además, se generará una reacción inflamatoria que hará crecer el adenoma en los siguientes meses o años de una forma mucho más pronunciada, recidivando la enfermedad y reapareciendo la clínica de forma más severa incluso.
De todas formas, aunque la próstata sea pequeña o mediana el HoLEP siempre retirará más tejido con el mínimo sangrado.
Por último, recordar que si existen litiasis vesicales, éstas no se pueden romper ni con el asa de RTUp ni con otros láseres.
Sólo el láser de holmio se usa para la fragmentación de litiasis. Por tanto se necesitarían fuentes auxiliares de fragmentación para resolver el problema por completo en la misma intervención.
El HoLEP es la única técnica que puede tratar la HBP en próstatas de cualquier tamaño, incluso las más grandes, sustituyendo al resto de las técnicas endoscópicas, y sobre todo a la cirugía abierta.
Ésta última es la más efectiva, pero al mismo tiempo la más arriesgada, cruenta e incómoda para el paciente, y la que siempre se intenta evitar en la medida de lo posible.
El abordaje del paciente en la enucleación prostática con láser de holmio es exactamente el mismo que en la resección transuretral de próstata (RTUp).
Por la uretra del paciente (a través del pene) se introduce un resectoscopio, el cual contiene cámara, luz, un sistema de lavado para poder introducir suero salino y lavar el sangrado que se pueda producir y un mecanismo de trabajo para introducir la fibra láser.
Gracias a ello no es necesario llevar a cabo incisiones en la piel, con las ventajas que ello aporta. No hay sangrado por la incisión, ni dolor postoperatorio en la zona, no existe riesgo de infecciones de la herida y por supuesto no deja ninguna cicatriz externa.
La próstata se encuentra justo al principio de la uretra, a la salida de la vejiga urinaria. Se llega con el resectoscopio hasta ella y se comienza a intervenir.
Clásicamente se dice que la próstata es como una naranja, con su cáscara y unos gajos y con un plano identificable entre ambos.
La uretra discurre justo en el medio de esos gajos. Cuando los gajos crecen obstruyen la luz uretral y se producen los síntomas de la HBP.
La cirugía de la HBP consiste en retirar esos “gajos”. Cuanto más tejido se retire, más improbable es que la clínica vuelva a aparecer a lo largo de los años.
En el HoLEP se localiza el plano de diferenciación entre la “cáscara y los gajos”, cortando las uniones existentes con el láser de holmio (en lugar de quemar el tejido), a la vez que se coagulan todos los vasos que se van encontrando y la superficie prostática que va a quedar en el paciente.
Gracias a la energía láser, el sangrado es mínimo y la hemostasia postoperatoria muy buena. En este aspecto, el HoLEP es muy superior al resto de las técnicas convencionales, según demuestran numerosos estudios.
Además, como penetra poco en el tejido, el dolor o la irritación que produce es mucho menor que con otros sistemas láser.
Durante la cirugía, hay que seguir el plano de disección a lo largo de toda la esfera que supone la próstata.
Ahí es donde radica la dificultad de la técnica, ya que es muy fácil perder ese camino, máxime cuanto más grande sea la próstata.
Además, hay una serie de maniobras técnicas que favorecen la continencia del paciente y la hemostasia, las cuales hay que conocer y dominar para que los resultados de la cirugía sean los mejores posibles.
Finalmente, cuando todas esas uniones entre “gajos y cáscara” han sido cortadas, el adenoma prostático queda flotando dentro de la cavidad vesical en bloque.
Evidentemente, ese bloque es demasiado grande para extraerse a través de la uretra, por lo tanto es necesario triturarlo.
Para ello se usa otra máquina accesoria denominada “morcelador”, que mediante unas cuchillas motorizadas y un sistema de aspiración retira todo el tejido prostático enucleado.
Así la cavidad vesical queda libre de fragmentos que se recogen para su análisis anatomopatológico.
Tras la enucleación, morcelación y extracción de fragmentos, se suele llevar a cabo un repaso final a la tarea hemostática, asegurándonos así de que el postoperatorio del paciente sea lo más confortable y seguro posible.
Se emplaza una sonda con lavado en la vejiga y se da por concluida la cirugía.
Para terminar hay que reseñar que si también existen litiasis urinarias, piedras en la vejiga, lo cual es muy habitual, también pueden ser tratadas con HoLEP.
El láser de holmio es la fuente de energía más extendida para la rotura de litiasis urinarias en cualquier localización del aparato urinario, por tanto, no hay ningún tipo de problema si coexisten litiasis y HBP para el HoLEP.
Normalmente se pulverizan y retiran antes de comenzar la enucleación.
Esta es una breve presentación que os será muy útil si estáis pensando en incorporar o actualizar el láser de holmio con el que contáis. Espero que os sea útil.