¿La vejiga puede quedar hiperactiva después de una operación de próstata?

La hiperactividad vesical se refiere a la presencia de contracciones involuntarias y frecuentes del músculo de la vejiga, lo cual provoca urgencias, aumento de la frecuencia urinaria y, en algunos casos, incontinencia.

Esta es una complicación que podría presentarse después de ciertos procedimientos urológicos, incluidas las operaciones de próstata. Por ello, el paciente debe informar al médico sobre cualquier síntoma nuevo o cambios en la función urinaria para que se pueda evaluar y abordar adecuadamente.

Incontinencia Urinaria

¿Qué causa la hiperactividad vesical postoperatoria?

Que una vejiga esté hiperactiva puede tener diversas causas, que varían según el tipo de operación de próstata realizada y las circunstancias específicas del paciente. Algunas de estas son:

  • Irritación de la vejiga durante la cirugía: La manipulación quirúrgica de la próstata y las estructuras circundantes pueden causar irritación en la vejiga, desencadenando respuestas hiperactivas.
  • Inervación: Alteraciones en la anatomía de la zona o en la inervación de la vejiga, debido a la operación, pueden contribuir a la hiperactividad vesical.
  • Manipulación de estructuras vecinas: En algunas operaciones, como la resección transuretral de la próstata (RTUP), la manipulación cercana de estructuras podría afectar la función de la vejiga y contribuir a la hiperactividad.
  • Inflamación o Edema: La inflamación o el edema en la zona tratada podría afectar la función de la vejiga, causando síntomas hiperactivos.
  • Cambios en la dinámica del tracto urinario: Esto puede afectar la capacidad de la vejiga para almacenar y vaciar la orina de manera eficiente.
  • Factores individuales: Tales como la salud general, la presencia de comorbilidades y la capacidad de adaptación del sistema urinario, podrían influir en la aparición de hiperactividad vesical postoperatoria.

 

La hiperactividad vesical después de una operación de próstata no afecta a todos los hombres y, además, varía en severidad. En este sentido, los métodos más invasivos, como la prostatectomía radical para tratar el cáncer de próstata, presentan mayores riesgos.

La evaluación y el manejo de estos síntomas requieren la atención de un médico, quien considerará la historia médica del paciente, la naturaleza de la operación y otros factores relevantes para determinar la causa subyacente y planificar un enfoque de tratamiento adecuado.

Tratamientos y manejo de la hiperactividad vesical:

El tratamiento de la hiperactividad vesical depende de la gravedad de los síntomas y causas subyacentes. Esto puede incluir medicamentos, fisioterapia del suelo pélvico y cambios en el estilo de vida.

Ajustar la ingesta de líquidos y evitar irritantes urinarios, como cafeína y alcohol, ayuda a reducir los síntomas. Establecer horarios regulares para ir al baño también puede ser beneficioso.

Los ejercicios del suelo pélvico fortalecen los músculos que controlan la vejiga, mejorando la función vesical y reduciendo la urgencia urinaria. En este sentido, la terapia comportamental, que incluye técnicas de entrenamiento de la vejiga y biofeedback, ayuda a mejorar el control vesical.

Los medicamentos anticolinérgicos, como la oxibutinina, la tolterodina y la solifenacina, pueden ayudar a relajar el músculo de la vejiga y reducir la frecuencia urinaria y la urgencia. Esto, evidentemente, debe hacerse bajo estricta vigilancia médica.

En casos graves y refractarios, el médico podría considerar la inyección de toxina botulínica (Botox) en la vejiga para relajar los músculos y reducir la urgencia.

Existen otros tratamientos, como la estimulación del nervio tibial posterior (PTNS), que pueden tener efectos positivos en el desempeño de la vejiga.

Por su parte, la neuromodulación sacra, o terapia InterStim, implica la estimulación eléctrica de los nervios sacros para modular la actividad vesical y mejorar los síntomas.

 

En casos graves y resistentes a otros tratamientos, podría considerarse la realización de una cirugía. Las opciones quirúrgicas incluyen la ampliación de la capacidad de la vejiga o la derivación urinaria en casos selectos.

El tratamiento específico dependerá de la evaluación médica individual y la identificación de las causas subyacentes de la hiperactividad vesical. Por ello es crucial consultar al médico para un diagnóstico preciso y un plan de tratamiento personalizado. La combinación de enfoques y la atención multidisciplinaria son clave para abordar de manera efectiva los síntomas de la hiperactividad vesical.

Para lograr una óptima recuperación, es primordial la colaboración estrecha entre el paciente y el médico.

Prevención y estrategias para minimizar el riesgo

La prevención de la hiperactividad vesical postoperatoria se aborda, con estrategias cuidadosas, antes, durante y después de la intervención quirúrgica. Algunas de ellas, son:

  • Hacer una evaluación preoperatoria integral, donde se identifiquen los factores de riesgo preexistentes.
  • Elegir la técnica quirúrgica más apropiada para el caso individual, considerando las características específicas del paciente y minimizando el impacto en la función vesical.
  • Adoptar técnicas quirúrgicas que minimicen la manipulación innecesaria de tejidos y estructuras cercanas a la vejiga para reducir el riesgo de irritación.
  • Controlar y minimizar la duración de la intervención quirúrgica para mitigar el riesgo de complicaciones postoperatorias, incluida la hiperactividad vesical.
  • Durante el operación, mantener un equilibrio cuidadoso de fluidos y electrolitos para prevenir la sobrehidratación y posibles complicaciones relacionadas.
  • Monitorear y controlar la presión de la vejiga durante el procedimiento para evitar presiones excesivas que puedan contribuir a la irritación y la hiperactividad vesical.
  • Administrar profilaxis antimicrobiana según sea necesario para prevenir infecciones postoperatorias que podrían afectar la función de la vejiga.
  • Llevar a cabo los cuidados postoperatorios especializados, incluyendo la monitorización cercana de la función vesical y la pronta identificación y gestión de síntomas emergentes.
  • Educar al paciente sobre la importancia de seguir las indicaciones postoperatorias, incluyendo los cambios en el estilo de vida y las actividades recomendadas.

 

Estas estrategias deben ser individualizadas según las necesidades y condiciones específicas de cada paciente. La comunicación abierta con el médico, así como una planificación cuidadosa de la operación, son fundamentales para prevenir o minimizar la hiperactividad vesical posoperatoria.